Dios había concretado su obra con Tommy Hicks. En medio de esos miles de personas que asistieron a la campaña, había un diseñador de barcos, mejor conocido como Don Regge. Fue a la campaña por un niño al que Dios había sanado y se le había caído la pelota en su patio. Fue con el propósito de que su imparable dolor de estómago dejara de existir. Luego de esa campaña, en el barrio pasó de Don Antonio al loco Antonio. Dios hizo más en su vida que sólo sanar su enfermedad. Lo había vuelto loco.
Stokes fue el pastor de Antonio Regge, quien no se conformó con unos días de campaña sino continuó creciendo de la mano de Dios. Luego de unos años, en 1956, Regge cedió el lugar, lo que antes era su astillero. En otras palabras, su lugar de trabajo pasó a ser un lugar de servicio a Dios. Dios había comenzado una obra que cambiaría miles de vidas.
Con el tiempo Dios usó la vida del pastor Regge, quien había empezado por una Escuelita Dominical en Martínez, pero que poco a poco la obra se extendió y Dios comenzó a obrar grandemente por medio de su vida. La iglesia seguía creciendo y allá por 1970 apareció la primera grada, que no tardaba en llenarse los días de reunión.
El ministerio del pastor Antonio Regge se extendería por todo el país por medio de apasionados discípulos que llevarían un mensaje simple del evangelio, pero lleno de poder y milagros. Esta obra se agrandaría a más de 100 anexos, varios de ellos llegando a ser importantes Iglesias.
El testimonio del Pastor Walter Álvarez:
Al pastor Antonio Regge yo lo conocí en el año 83. Me convertí al evangelio en unas de las reuniones que se hizo un domingo de santa cena. Aprendí mucho del pastor, un hombre de Dios, de oración, de profunda devoción a Dios, un hombre santo y eso a mí siempre me impresionó. Su sabiduría para responder, su simpleza y su comunión con Dios se notaba porque de repente uno decía dos palabras y él ya estaba orando.
Para esos años las reuniones tenían una asistencia de más de 2.000 personas, llegando a ser la iglesia más grande de Argentina. Es más, venían de otros países a preguntar cómo hacían con el crecimiento tan rápido y él con simpleza y humildad les contestaba: “Todo es obra de Dios”.
Cuando yo tenía 18 años, estando en el fondo de la iglesia, el pastor me abrazó y dijo: “Gracias Señor por mi hermano Walter”. Después que me abrazó y le dio gracias a Dios, me miró y dijo: “Tú serás un pastor”. Y acá estoy; de hecho, él se fue con el Señor y nunca me vio ser pastor. Lo que me dijo fue una palabra que venía de parte de Dios.
*Extracto del Libro “El Legado”. Si desea adquirirlo comuníquese con las oficinas de la UAD.